domingo, 4 de septiembre de 2016

Elogio de la locura ...



Richard Feynman, futuro Premio Nobel de Física en 1965, tuvo que acudir al examen médico para saber si era apto para el reclutamiento que tuvo lugar después de la Segunda Guerra Mundial, dada la “necesaria” ocupación de diversos sitios estratégicos sobretodo en Alemania. Y se tenía que estar realmente en mal estado para que la oficina del Ejército no hiciera la vista gorda.
Sus conversaciones con los psiquiatras están recogidas en sus memorias "¿Está usted de broma, Sr. Feynman?" y, la verdad, no tienen precio. Aquí reproduzco algunas de ellas:


Tomo asiento frente a él, en la mesa, y el psiquiatra empieza a ojear mis papeles, "¡Hola, Dick! -me dice con voz alegre-. ¿Dónde trabajas?"
Yo estoy pensando: "¿Quién se cree este tío que es para llamarme por mi nombre de pila?" Y respondió fríamente: "Schnectady"
[...]
"¿Crees que la gente va por ahí hablando de ti?", me pregunta en voz baja y con tono serio.
Yo me animo y contestó en seguida: "¡Desde luego! Cuando voy a casa de mi madre no hace más que contarme lo que sus amigas dicen de mí" Pero el tío no está escuchando mi explicación. En cambio, se pone a anotar algo en mi papel.
Después en tono grave e igualmente serio, me dice: "¿Te parece que la gente se te queda mirando?"
Estoy a punto de decir que no, cuando va él y añade: "Por ejemplo, ¿crees que alguno de los chicos que esperan en los bancos está mirándote ahora?"
[...]
"Psé. Creo que habrá un par de ellos mirándonos"
El me dice: "Bueno, vuélvete y compruébalo", ¡pero él no se molesta siquiera en averiguarlo él mismo!
Me vuelvo, y no falla, dos tíos mirándonos. Así que los señaló y digo: "Sí, nos está mirando aquél y también aquél otro" Y, claro, cuando me vuelvo y los señaló los demás empiezan a mirarnos también, así que digo: "Y ahora también aquél, y el otro, y el de más allá...¡ahora todos!" Pero el psico no se molesta en levantar la vista y mirar. Está ocupado en escribir más cosas en mi papel.
[...]
"¿Habla usted solo, consigo mismo?" me dice.
"Pues sí. A veces, cuando me estoy afeitando o pensando; a veces, pero muy de cuando en cuando." Sigue escribiendo cosas en mi informe.
[...]
"¿Cree usted en lo supranormal?"
Respondo: "No sé que es "lo supernormal"
"¿Cómo? ¿Es usted doctor en física y no sabe lo que es lo supernormal?"
"Exactamente"
"Es lo que sir Oliver Lodge y su escuela defienden"
No es que fuera de gran ayuda pero ya sabía de que se trataba. "Usted se refiere a lo sobrenatural"
"Puede llamarlo así si lo desea"
"Perfectamente, lo haré"
"¿Cree usted en la telepatía mental?"
"Yo no. ¿Usted sí?"
"Bueno, procuro mantener la mente en disposición receptiva"
"¿Cómo? ¿Un psiquiatra como usted, en disposición receptiva? ¡Ja!"
El diálogo siguió así durante largo rato.
Ya casi al final de la entrevista me dice: "¿Qué valor da usted a la vida?"
"Sesenta y cuatro."
"¿Por qué ha dicho usted sesenta y cuatro?"
"¿Pues en cuánto supone usted que se debe medir el valor de la vida?"
"¡NO! ¡Lo que quiero saber es por qué ha dicho usted sesenta y cuatro y no setenta y tres, por ejemplo!"
"Aunque yo le hubiera dicho setenta y tres, usted, me habría hecho la misma pregunta"

Feynman fue declarado no apto. Cuenta en el libro cómo mandó una carta al ejército, excusándose, explicando cómo había transcurrido la entrevista, argumentando que era doctor en Física, y diciendo que se consideraba apto. La respuesta del ejército a esta misiva: No apto.

Brutal, ¿verdad?

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