miércoles, 18 de mayo de 2016

Miedo a la incertidumbre...




Richard Feynman no solo fue un gran investigador, sino también un extraordinario maestro y un hombre de personalidad poderosa: una leyenda a la manera de Einstein. Eterno iconoclasta, muchas veces trataba a la autoridad y al mundo académico con la misma falta de respeto que mostraba hacia el formalismo matemático rígido, rompiendo con las reglas cuando encontraba a estas arbitrarias o absurdas.

Feynman nunca disimulaba su desdén por los filósofos, sin embargo en su manera de enseñar y pensar había mucho del “quehacer filosófico”, y sin demasiadas vueltas llegaba siempre de manera directa al corazón del tema abordado. Y si de algo no estaba seguro, abrazaba sin miedo a la incertidumbre, argumentando que la enorme resistencia que podemos tener por aferrarnos a las respuestas definitivas es apenas un buen alimento para las angustias.
Afirmaba que puede ser mucho más interesante vivir no sabiendo, que tener respuestas que pueden estar equivocadas, y decía que esto no estaba en contradicción con el pensamiento crítico y el propósito de la ciencia.

“Un científico nunca está seguro. Todos lo sabemos. Sabemos que todas nuestras afirmaciones son afirmaciones aproximadas con distintos grados de certeza; que cuando se hace una afirmación, la cuestión no es si es verdadera o falsa, sino más bien qué probabilidad tiene de ser verdadera o falsa. ¿Existe Dios? Cuando se coloca en forma de pregunta, ¿“qué probabilidad tiene”?, se provoca una terrible transformación en el punto de vista religioso, y por esto el punto de vista religioso no es científico. Debemos discutir cada cuestión dentro de las incertidumbres que nos son permitidas.
Debemos dejar sitio a la duda o de lo contrario no hay progreso ni aprendizaje. No hay aprendizaje sin haber planteado una pregunta. Y una pregunta requiere duda. La gente busca certezas. Pero la certeza no existe. La gente está aterrorizada, ¿cómo puedes vivir y no saber? Pero no es raro en absoluto. Solo piensas que sabes cómo cuestión de hecho. Muchos de tus actos están basados en conocimiento incompleto y realmente no sabes de qué tratan, o cuál es el propósito del mundo, ni sabes mucho de otras cosas. Es posible vivir y no saber.”

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